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martes, 27 de agosto de 2019

Si las abejas desaparecieran de la faz de la tierra…


Por: Francisco Uribe

Era un jueves como cualquier otro, el clima era agradable, sin embargo, se podía sentir una inquietante apatía en el ambiente. Laura decidió dejar lo que estaba haciendo y tomarse algunos minutos para relajarse. 

Necesitaba despejar su mente para que, una vez que esto pasara, retomar sus labores y poder marcar aquella actividad como “terminada” en la libreta, en la que daba seguimiento a un plan detallado de trabajo. Aquella libreta se había convertido en su fiel compañera, con ella podía presumir sus logros, era un testigo que podía dar fe de que no se daba por vencida nunca, aún cuando fue testigo de cómo los planes simples se complicaban o cómo se tenía que cambiar una y otra vez la estrategia para cumplir ciertas tareas. 
También era testigo de que la meta nunca cambió, aun cuando el panorama no fuera nada alentador.


Comenzó el ritual que Laura había perfeccionado con el paso del tiempo para este tipo de situaciones, se preparó una taza de té, puso una lista de las canciones que le producían un estado de calma y comenzó a hojear una revista que había comprado dos semanas atrás y no había podido leer por lo ocupada que se encontraba. Tenía un estilo muy particular al leer sus revistas, las abría justo a la mitad y ahí, decidía si comenzaba a leer los artículos acercándose al inicio o, al fin de ésta y aquélla tarde no fue la excepción. Al abrirla notó que esa hoja era el final de un artículo que tenía la imagen de una abeja vista desde atrás; en la imagen se podía distinguir el polen que la abeja traía en sus pequeñas patas.

Regresó un par de páginas y comenzó a leer el artículo que hacía la descripción de un gran póster que se tiene en la mayoría de las oficinas de la NASA, donde se puede observar la imagen de una abeja y al pie del póster con unas letras grandes y blancas la siguiente leyenda: “Aerodinámicamente, el cuerpo de una abeja no está hecho para volar; lo bueno es que la abeja no lo sabe”, comenzó a leer el artículo dejándose llevar por el estado de calma que le producía el sabor suave de su té y el trance de escuchar su música preferida. 

En resumen, el artículo explicaba de manera muy puntual que la ley de la física expone que una abeja no puede volar, cada principio aerodinámico describe que la amplitud de sus alas no es la adecuada para conservar su enorme cuerpo en vuelo, pero la abeja no lo sabe, no conoce nada de la física ni su lógica y vuela de todas formas. Laura se sintió motivada por aquél artículo, sintiéndose incluso, retada por este pequeño insecto y repitiéndose esta frase en su cabeza: Si la abeja puede contradecir a la física, que es una ciencia, yo también puedo retar a mis limitantes. Continuó varios minutos observando a la abeja del póster, analizando cuántas veces ella misma había creado excusas que servían como barreras para no dar más de sí misma, cayendo en cuenta que, en más de una ocasión, esto le había salido bastante caro; decidió que cada vez que ella misma se dijera un “no se puede”, recordaría el póster de la abeja y lo haría posible. 

Una vez que terminó de reflexionar, decidió darse unos minutos más de ociosidad y buscó en el internet información sobre las abejas, para comprobar la veracidad de lo que acababa de leer en aquella revista. Cada página qué encontraba sobre este tema, daba fe y apoyaba la misma hipótesis de que la abeja no fue hecha para volar y que, el que lo hiciera, iba en contra de varios principios de la física. Una página la llevaba a otra, y esa, a otra más y todas trataban, mas o menos, la misma línea, solo que esa última página agregaba: “Si las abejas desaparecen, al hombre le quedarían 4 años en la tierra”, comenzó a leer con mayor interés aquella información que detallaba el importante papel que juegan las abejas en el ecosistema y el cómo nos veríamos afectados si este insecto desapareciera pues, su rol en la polinización es de gran impacto para todo el mundo. Convencida con la información adquirida, decidió que era momento de volver a retomar sus actividades pendientes y poder marcar por terminada una tarea más en su libreta como el logro de ese día. 

“Si las abejas desaparecen, al hombre le quedarían 4 años en la tierra”

Mi muy estimado amigo, el día de hoy me tomé la libertad de darnos un pequeño descanso en el arduo trabajo de pulir las habilidades para la gestión de nuestros proyectos. Me pareció importante resaltar que muchas veces las limitantes que nos ponemos no son barreras reales, sino frenos que los demás nos ponen o, peor aún, excusas que nosotros mismos solemos inventar por el miedo al fracaso o el reto que implica salir de nuestra zona de confort. 

Desde mi punto de vista, el ejemplo de la abeja es fascinante, no solo por el hecho de que pueda volar, aun cuando todo está en su contra para realizar esta actividad, sino porque si este pequeño insecto no tuviera esta habilitad, el ecosistema en todo el mundo estaría comprometido pues, el polinizar es fundamental para tener el balance que tenemos. Si la abeja no hubiera volado, la evolución habría tomado otro camino en el que, tal vez, nuestra especie no existiría. Es por eso que quiero retomar la importancia que tiene tu decisión en emprender y aplaudirte el valor que tienes al tomar retos que algunos pueden juzgar como “imposibles”. No es sencillo arrancar un proyecto cuando muchos te dicen que no vas a poder, que lo que quieres lograr no es viable, que ya muchos lo intentaron y fracasaron, que mejor sigas con lo que ya sabes que funciona. Ten en cuenta que, si la abeja se hubiera dejado llevar por las “limitantes”, nunca hubiera emprendido el vuelo y que, sin esa pequeña, pero significativa acción, la historia de todo el mundo sería muy diferente. Así es el nivel de responsabilidad que tenemos con el mundo al ser emprendedores, es lograr lo que se cree imposible y sentar un precedente de innovación para los demás, dejando en claro que lo único imposible es aquello que no se intenta. 

Quiero que cada vez que alguien te diga, o bien, cuando tú mismo pienses que no vas a poder lograr algo, y que es mejor desistir antes de intentarlo, lo tomes como un reto y tenga presente el ejemplo de la abeja, que si ella supiera de física tal vez no hubiera intentado emprender el vuelo y sin su vuelo el mundo de hoy sería completamente diferente. 

Me despido por esta ocasión, subrayando lo valiente que eres al emprender y la responsabilidad que tienes en no desistir hasta que tu sueño se vuelva realidad.

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