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jueves, 12 de septiembre de 2019

La evaluación


Por: Francisco Uribe

Esa mañana, Enrique no podía estar más cansado, estresado y feliz a la vez. 

Miró el reloj que ya marcaba las 7:05 a.m., en un rápido cálculo, se percató que solo tuvo oportunidad de dormir 3 horas y 20 minutos. 

No pierde más el tiempo, enciende la cafetera y comienza a alistarse para salir lo antes posible. Revisa que no le haga falta ningún documento para la presentación de más tarde, da un pequeño salto de fe al salir de su casa y, al cerrar la puerta, su celular recibe un par de mensajes, lee las primeras líneas y se percata que el mensaje es del cliente al que iba a ver a las 9 a.m., se disculpa porque no tendrá oportunidad de atenderlo ese día y, que le sería muy difícil hacer una cita para la siguiente semana. El cliente se despedía en el mensaje asegurando que él reagendaría la cita en no más de tres semanas. Enrique regresa a su casa, pone su portafolio en el sillón y comienza un melancólico camino hacia su cama para dormir las horas que no pudo hacerlo por preparar aquella presentación que, por ahora, se posponía. 

En el trayecto a su habitación, va quitándose la ropa y deja un sendero de prendas con dirección a su cama, solo le falta quitarse el pantalón y el reloj. En cuanto se sienta intenta quitarse el reloj y se queda pensativo un instante, un gesto se le dibuja en el rostro, decide vestirse y salir a buscar a otro cliente (al Lic. Hernández), mientras se vuelve a alistar no deja de recordar la frase de William Arthur Ward: “Las oportunidades son como los amaneceres. Si esperas demasiado tiempo, las echas de menos”. Una vez que estaba listo, nuevamente emprende el viaje y al estar a un par de cuadras de su destino, se estaciona y aún dentro del carro, enciende su equipo de cómputo para hacer un par de actualizaciones a la presentación y personalizarla con los datos de la empresa del Lic. Hernández.


Foto: iStock
Eran las 8:55 de la mañana y Enrique estaba listo, se sentía ansioso de que llegara su cliente y un poco nervioso de pedirle que le regalara 20 minutos de su tiempo para mostrarle la nueva presentación. El Lic. Hernández era un posible cliente que, en una primera reunión, no se mostró interesado por la solución que le ofrecía Enrique para su empresa y no se le dio seguimiento. Sin embargo, en ese momento, Enrique se sentía mucho más confiado pues, su proyecto había madurado bastante desde aquella primera cita, su proyecto se encontraba ya en la última semana antes de entrar a la etapa de evaluación. Su cliente llegó pasados unos pocos minutos de las 9 y desde lejos vio a Enrique aproximarse a él. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, se saludaron de mano y entraron juntos a la oficina, el Lic. Hernandez aceptó la reunión. Al finalizar la presentación los dos se veían entusiasmados y comenzaron a fijar fechas, entregables y costos. Enrique lo había conseguido, ya tenía su primer cliente.

Mi estimado amigo de batallas, sé que estás cansado, tal vez un poco ansioso, pero estoy seguro que estás feliz y te sientes invencible porque a pesar de las situaciones difíciles y no previstas que han surgido en tu nueva aventura de vida, nada, ni nadie te han hecho flaquear. No siempre avanzaste como hubieras deseado, sin embargo, estoy seguro que nunca retrocediste ni un solo centímetro. Hemos llegado a la última etapa del desarrollo de un proyecto: la evaluación. Es de vital importancia que tengamos muy claro que cuando llegamos a esta etapa no significa que tu proyecto ya está blindado y que no será necesario retomar los conceptos básicos, sino que, cuando llegamos a este punto ya podemos tomar decisiones para comenzar a plantear los siguientes planes de desarrollo y seguir innovando para nunca quedar obsoletos.

Como su nombre lo dice, esta etapa consiste en evaluar qué tal nos fue, no solamente en la parte de las tareas y actividades previstas, sino analizando cuáles de estas tareas fueron las más fructíferas, cuáles las más complicadas y, por último, qué tanto pudimos acercarnos a nuestro objetivo o, mejor aún, si es que lo cumplimos.

Esta etapa se trata de puntualizar las lecciones aprendidas y darnos la oportunidad de analizar la información obtenida en todo el proyecto. Tenemos que tener en cuenta que esta evaluación debe ser lo más real y sincera posible, ya que muchas veces nosotros mismos no queremos afrontar algunos resultados o tratamos de culpar a los demás, situación que, lejos de ayudarnos, nos dificultará llegar a la meta. Recuerda que, tonto no es el que no sabe hacer las cosas, sino aquél que quiere resultados diferentes haciendo siempre las mismas cosas. Por tanto, es de vital importancia que confrontes los errores, así como alabes los aciertos. El éxito de tu proyecto siempre será tu absoluta y completa responsabilidad.

Foto: iStock
Para que puedas llevar a cabo esta etapa, te aconsejo que crees un pequeño cuestionario con los objetivos específicos y el general, confrontando así, tu plan de trabajo, organizándolo de tal manera que cada actividad planeada esté relacionada con algún objetivo específico y hagas un análisis sobre el resultado de cada actividad, evaluándola de una manera muy sencilla, con los siguientes valores:




 -2 La actividad se realizó correctamente. La dificultad fue mayor a la planeada, pero el resultado no me acercó al objetivo.

 -1 La actividad se realizó correctamente. La dificultad fue la planeada o menor, pero el resultado no me acercó al objetivo.

-1 La actividad no se realizó o impactó negativamente en acercarme al objetivo.

0  La actividad no se realizó, pero no fue de relevancia en el objetivo.

+1 La actividad tuvo la dificultad planeada o menor y me acercó al objetivo.

+ 1 La actividad tuvo una dificultad mayor a la planeada y me acercó al objetivo.

+ 2 La actividad tuvo la dificultad planeada o menor y me acercó mucho más al objetivo de lo que se tenía planeado.

Una vez que tengas toda esta información, comienza a hacer cálculos para ver en qué porcentaje te encuentras, tanto de cada objetivo específico, como en el general. Comienza a crear experiencia para la futura toma de decisiones y trata de recordar esta información para la próxima planeación. Diagnostica la mejor opción para invertir tus recursos e identifica tus puntos débiles para poder robustecerlos en un futuro cercano.

Me gustaría terminar este artículo diciéndote que Enrique pudo llevar su proyecto integro al éxito, que ahora tiene una gran empresa y que ha podido llevar a otro nivel las metas y objetivos que él tenía previstos, sin embargo, no te lo puedo asegurar. 

Lo que sí te puedo decir es que Enrique es feliz porque hace lo que ama y cuando uno tiene la oportunidad de unir su pasión con su trabajo se tiene la obligación de hacerlo, porque no todos la tienen. Si tú tomaste la decisión de emprender tu sueño, te aseguro, mi estimado amigo de batallas interminables, que por más caótico y difícil que se vea el camino hacia la meta, podrías llegar a ella en algún momento si nunca dejas de intentarlo y, lo más importante, nunca pienses que los sueños no se pueden hacer realidad. Finalmente, te comparto el pequeño gran secreto para que asegurar el éxito: nunca dejes de creer en ti. Cuando las personas dicen que el ser humano está hecho a base de carbono, me gusta pensar que se equivocan y que realmente estamos hechos de sueños y amor propio. 

Mientras confíes en ti, estimado compañero, serás invencible.


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